...

enero 13, 2011

Penélope

En realidad no puedo verte, ni siquiera pensarte, cada vez que lo hago recuerdo ese olor a moho de tu ropa, tus manos duras y callosas, tu piel manchada por el sol y tus ojos tristes llenos de pasado. Luego me hablas y me explicas lo que quisiste hacer y decir en aquel tiempo, pero sinceramente ya estoy libre de remordimientos, los más oscuros pensamientos los liberé sola y me da la sensación que eso tampoco ahora importa.

Tuve y aún tengo visitantes nocturnos que hacen conmigo lo que les da la gana, yo dejo que lo hagan, son puros y sinceros, libres y autónomos, no le dan tantas vueltas al asunto y me dejan decirles lo que en realidad deseo. Ellos pensándolo bien son como tú, van y vienen cuando yo así lo quiero, aunque debo admitirte que ellos si están en mi mente, si, esos son mis pensamientos.
Me adormece la forma en que me quieres ahora, y más aún la forma en que quisiste quererme, mi costumbre es más neurótica, más salvaje, menos romance, ¿no te lo dije?, cariño, he querido de maneras sublimes y tu intento me da lástima, discúlpame pero las cosas han cambiado.



Sí, estuve enamorada ¿lo sabías no?, después lo pensé mejor y me dije ¿de qué?, mi vida junto a ti la viví amargada, fue degradante, abrumante, desgastante, poco diferente al resto de las otras miles que tenía de ejemplo. Mientras yo corría lejos de ti, tus pasos eran más largos hacia mí, desesperante, tu y yo, una película de terror. 
Y ahí te vi hoy, después de tanto tiempo, sonriéndole a esa nueva víctima de tus desgracias, lamenté tanto su cara enamorada, pero lamenté aún más que no volteáses y vieses mi cara de decepción, sabiendo que ya tu aburrido, lento y arruinado amor no me pertenecía.

Si pudiera, te odiaría pero...
Carta de un autoengaño.

septiembre 24, 2010

Viento Victoriano


Paseándome entre las almas de aquellos que dejan volar los pensamientos, de aquellos que nutren lo que son con lo que les enseñan, de aquellos que cada día intentan forjar un hoy inteligente para un mañana conciente, además saboreándome el fresco olor de la grama recién cortada, en una mañana tranquila, me topé con Víctor, sí, con Víctor, aquel viejo loco del que todo el mundo en la universidad hablaba, y que yo -no se si por curiosidad o sencillamente casualidad- solía oír con recelo algunas de esas historias que no me dejaban claro de quién exactamente se trataba. Unas veces oía de la maravillosa manera en como sobrevivía de la gente, del smog, de esos vaivenes y yeyeras que le dan a los viejos, de los malos olores del cuerpo humano, de las noches heladas y silenciosas, del día caluroso y perturbador y de cada locura que decían de el. Otras veces, escuché como un grupo hablaba del mal estado de su ropa, de lo inculto que era al no entender que los negros eran tan humanos como el, de su antipatía y su estado paradigmático de soledad natural.

Yo, que vivo danzando de un lado a otro-dependiendo de la presión atmosférica-, buscando historias desconcertantes que me hagan soplar mas fuerte o alguna que me haga acariciar suavemente el ambiente. Yo, que vivo conociendo personajes en esta ciudad, donde lo normal es ser paranoico y lo extraño es aspirarme para saber que aun viven, me di cuenta de varias cosas: Víctor no es más que otro hombre que se ha dedicado a vivir para sí mismo, sin necesidad de buscar en los demás lo que puede encontrar en su cabeza, es un hombre que diariamente se levanta con un objetivo preciso, “conocerse a sí mismo”, ¡y es que claro!, ¿cómo no pude darme cuenta?, más de una vez me he tropezado con el, con su cabellos largos ya pintados de blanco, con su voz grave de locutor, con sus pocos dientes y con su noble mirada, tantas noches lo oí hablarme de lo maravilloso que se veía el cielo  desde su acera, desde su selva de cemento, desde su cama de libros; más de una vez se quejó de mi, unas veces por mi helada presencia, y otras por mi calurosa ausencia.

Recuerdo el día, que en medio de un ataque imprevisto de locura, comenzó a recoger algunas cosas que había encontrado a lo largo de esa semana: el esqueleto de una silla de hierro, tablas, una alfombra azul, un palo y algunas cuerdas, me hablaba y me decía: 
"yo no se porque me miran así, como si yo fuese menos que ellos, como si se me hubiese volado la chaveta, aquí lo que hace falta es una monarquía digna, y ¿quién mas que yo para gobernar en este mundo de deschavetados?, estoy mucho más cuerdo que todo el país junto”,
es así como Víctor tiene su propio trono de rey, es el soberano en esos metros de cemento en una de las entradas de la Universidad Central de Venezuela. Tiene sus súbditos que se detienen a mirar, leer, comprar o chismear sus libros,-súbditos sin que ellos lo sepan-, y es que Víctor tal como su nombre lo indica es  un vencedor, diligente, original, le gusta sentirse realizado, mejorado. Ha vencido a esa sociedad que lo discrimina, que lo opaca por el hecho de “no tener plata”, a el nunca le hizo falta, prefiere ser un  rico pobre, que un pobre rico.

Yo, que no dejo involucrar mis sentimientos con la gente, me dejé seducir por él, por su buena voluntad y por su deseo innato de respirarme a mí, su viento, su aire, porque le refresco el alma, y no porque sencillamente me necesita.

septiembre 23, 2010

Primeros vs. Mejores

¿Cuántas veces no viste un emocionante partido de fútbol y te quedaste con la duda de si el ganador fue el que mejor jugó?
¿Cuántas veces no viste una carrera de atletismo y pensaste que el primero pudo haber hecho trampa?
¿Cuántas veces no recordaste tu primer beso y pensaste que quizás no fue el mejor?

 
Hoy pensaré en mis mejores, no en mis primeros. No deseo recordar quién fue la primera persona que me traicionó, tampoco cuál fue la primera que me hizo llorar. La que me traicionó quizás no la conozco, y quien me hizo llorar no fue la misma que me vio hacerlo, eso los convierte en simples primeros. 
Yo busco recordar mis mejores, aquella que confesó su traición y decidió alejarse es mi mejor, la honestidad cuenta. La que me vio llorar será mi mejor, no por no haber sido la causante, si no por haberme acompañado en mi momento de pena.

Hoy pensaré en mis mejores, no en mis primeros. No deseo recordar cuál fue mi primera buena nota en un examen, tampoco cuándo fue la primera vez que desperté tarde. Mi primera buena nota quizás no me enseñó nada, y esa vez que dormí de más no fue el mejor descanso que tuve, eso los convierte en simples primeros.
Yo busco recordar mis mejores, una mala nota quizás fue mi mejor enseñanza,-"celébrate los fracasos exitosos, critícate los exitos mediocres"- y aquella vez que desperté temprano o que simplemente no dormí fue mi mejor descanso.

Hoy pensaré en mis mejores, no en mis primeros. No deseo recordar cuál fue mi primer amor, tampoco quién fue mi primer amigo. Mi primer amor quizás careció de madurez, y ese primer amigo no estuvo en todos mis momentos, eso los convierte en simples primeros.
Yo busco recordar mis mejores, un Te Amo sincero fue mi mejor afecto, mi mejor amor. Aquel que compartió conmigo mis mejores y peores momentos quizás no fue mi primer amigo, pero si fue el mejor.

Hoy pensaré en mis mejores, no en mis primeros. No deseo recordar la primera vez que vi el mar, tampoco la primera vez que cometí un error. Apuesto que la primera vez que tuve contacto con el mar moría de frío, y ese primer error ya no lo recuerdo, quizás no me dejó ninguna lección, eso los convierte en simples primeros.
Yo busco recordar mis mejores, el mar bajo la luz de la luna disfrutando de un horizonte infinito fue mi mejor contacto con el. El haberme enamorado fue mi más grande y mejor error, porque aún aprendo de eso, sin arrepentimientos.

¿Quién no pensó alguna vez que no importa cuántas cosas hagas para los tuyos, eso no te convertirá en el  mejor?
Ocúpate de dar de ti lo justo, lo necesario, lo indispensable, sin caer en las exageraciones, recuerda que vale más un detalle simple a una gran maroma..., deja que te recuerden por lo sencillo que fue llegar a ser el mejor, no por la posición que ocupas.

El primero es un número, el mejor es un valor.

junio 30, 2010

Hoy elijo



  • Pararme todos los días con ambos pies -ya no sé si el derecho sea realmente el de la buena suerte.

  • Voltear más de una vez al pasado, para reírme de mis errores.

  • Pensar en ti y recordarte sonriente -aunque por dentro murieses de pena.

  • Sentirme eternamente leal de lo que he dicho, hecho y sentido.

  • Disfrutar lo que tengo, para no extrañarlo cuando falte.

  • Acostarme viendo al techo, para respirar un poco más profundo.

  • Pasar y ganar.

  • Sonreírle al mundo, para que olvidemos las penas juntos.

  • Bailar nuestra canción preferida, hasta que se me olvide llevar el ritmo.

  • Tapar mis ojos y caminar sin miedo.

  • Decirte que..., sólo decirte algo por si lo olvidaste, en uno de esos caminos que no sabes a donde te llevan.

  • Cantar en un kareoke con la peor voz escuchada.

  • Escribir mis elecciones para sentirme más segura.

  • Suspirar profundamente cada vez que quiero, para darle rienda suelta al lenguaje de mi alma.

  • Contar cada poro al borde un escalofrío.

  • Mirar la Luna y volverme loca.

  • Y por último ELIJO recordarte que soy real en este mundo de sueños.

junio 02, 2010

Hasta mañana


Acariciando ese último centímetro de ti -ese que nunca terminaste de conocer- respiré, suspiré, te miré y volteé, volteé la cara al lado opuesto de tu presencia. Me pregunté cuánto valía ese momento, cúanto valía para ti, cuánto valdría luego de que cada uno tomara su rumbo natural y volviésemos a la aburrida vida.
Volteé porque debía, porque sé que si sigo mirándote terminaré en el enredo de esos ojos implacables que cada vez que quieren hacen conmigo lo que quiero que hagan.
Volteé porque no puedo permitirte encontrar en mí eso que me encargué todo estos años de esconder.
Además volteé porque te vi tranquilo, pasivo, viéndome como si te fueses a quedar, y no, no quiero permitirme la idea de pensar que estarás aquí hasta un poco más allá del límite de todas las horas, porque no quiero pensar en cada una de las noches que viniste y dijiste aquello que aún nos mantiene unidos -hasta mañana-.
¿Todo esto qué es? , para mí resultó ser esa inquietud, esa sensación que hace que mis vellos fuesen a salir corriendo de mis poros, para ti es la vida dentro de otra vida, donde esta vida no tiene nada que ver con la otra.
Dime, dime eso que no te atreves a decir y prometo atreverme yo. O mejor cállalo y demuéstramelo con esos besos que me desarman de todas las armas que tengo guardas para ti y todo esto que me produces.
Si tú lo permites, no podrás echar el tiempo y las palabras a la basura.
Si no lo haces, terminaremos como siempre, un beso que nos deja sin aliento y un hasta mañana, solamente.

mayo 15, 2010

Buenos Días


Mientras esperaba a los demás compañeros de la aventura fotográfica, escribía sobre lo que deseaba del viaje. Escuché un susurro que sin razón alguna erizó mi piel, buenos días, volteé temiendo saber de qué se trataba aquello, más de una vez he escuchado que cuando los muertos están cerca dan escalofríos, pero el trayecto lento de mis ojos, desde la hoja hasta tu mirada fue la primera foto panorámica de éste álbum.


Me quedé helado pensando si estabas allí, o si era parte del sueño que aún tenía. Me viste como esperando que dijera algo, esperando saber si yo era del grupo también; y sí, se que fui grosero pero no supe que más decir, además lo mal interpretaste, ¿estás casada?, debí antecederlo con un, buenos días, pero no dije, ni oí nada más.


Luego de eso supe qué deseaba del viaje, viéndote entendí que quería ser dueño de al menos un instante de ti, para llenar en mí ese deseo incontrolable que desataste con sólo dos palabras: Buenos días.


Dejé el escrito a un lado y enfoqué mis pupilas hacia tu plano, tu manera de hablar, de sonreír y esa mirada esquiva que constantemente chocaba con la mía, me decía que bastó el contraste de tu dulzura con mi arrogante miedo para comenzar una historia, que terminará siendo historia para ambos, por alguna razón que ahora no puedo recordar.


Para la segunda parada del viaje estábamos en “La cabaña del paraíso” -mejor lugar no pudo elegir Roberto Mata-, salí temprano de mi habitación para ver ese panorama mágico del nacimiento del sol, y allí estabas, tomando una humeante taza de café, con esa fuerte brisa falconiana que te hacía apretar todos tus músculos y que jugaba coquetamente con tu cabello. Sin hacer ruido fui acercándome a ti, quería sorprenderte, hablarte de lo eternamente espiritual que se me hacía ver cada mañana esos primeros momentos del día, pero como por instinto volteaste y me viste allí, de nuevo paralizado, y soltaste esa sonrisa de complicidad que se convirtió en mi segunda foto visual de ti, buenos días,-¡qué buen dúo ese de tu sonrisa y tu voz!-.


Esa noche te invité a cenar fuera de la posada aparte del grupo, y apareciste con tu cabello suelto, un jean rasgado en la mitad del muslo, una camisa blanca que dejaba ver tu espalda a todo aquel curioso que voltease y en una de tus manos mi cámara-me recordaste que la había olvidado-. Mientras te acercabas fotografié puntos clave de ti, tus pies, tus caderas, tus senos y tu boca, un recorrido que me produjo esa expresión que tanto te hizo reír, estás perfecta. Después de esa velada se me inundó la mente de proposiciones, quería develar el secreto de tanta naturaleza viva.


Y fue así, fui descubriendo fotografía a fotografía cada espacio de tu piel, de mochilero, arriesgado, a pie, con mis labios me detuve en la zona más al norte de tu cuerpo, ese Cabo San Román que me invitaba a recorrerte de punta a punta, fui despacio por tu cabello largo y lacio, para disfrutar el recorrido. Bajando por entre los montes de tu rostro me topé con una neblina nicótica que expulsaba tu boca, me sentí varado, sedado en medio de San Eusebio, y aunque podía ver tus labios invitándome a descubrirlos, seguí adelante. Me pasee de este a oeste tus hombros, y luego me encontré en el valle de Los Nevados, divisando el par de montañas más altas de tu cuerpo, excelente paisaje que se ve desde la cima. Después de tantas curvas, y elevaciones se despejó mi paisaje, estaba en tu abdomen, en tu sabana de Capanaparo, un llano inmenso que pensé imposible de recorrer íntegro, pero los dedos fueron mis aliados, acariciando tu tierra, más de una vez sentí el escalofrío de tus poros, la aventura se tornaba interesante, pero habían flechas que me empujaban a la zona sur de tu país. Me detuve en tu centro, tu ombligo, tu Ciudad Bolívar, para analizar lo que me faltaba por recorrer, pero también lo que había recorrido, soltaste de nuevo esa sonrisa de complicidad y me hablaste de tu historia, de donde venías y a donde querías llegar, de todas esas batallas que enfrentaste, y de cómo ésta zona llegó a ser tu capital durante nueve meses. El tiempo era mi enemigo y seguí adelante, te invité a los Rápidos de Kamoirán, y aceptaste sin duda alguna, nos debatimos uno junto al otro contra todo ese torrente de agua que nos rodeaba, al principio costó un poco amoldarnos y no dejarnos llevar por la corriente, pero luego estábamos en sintonía con nuestros cuerpos y deseos, pudimos dominar esa naturaleza inquieta, y hacer de aquel momento lo mejor del viaje. Todo terminó en tus pies, -yo estaba allí desde el principio-, ese Ávila que me convidaba a recorrerte ahora en sentido contrario, pero algo pasó y ya no te sentía cerca.


Me quedé helado pensando si estabas allí, o si era parte del sueño que aún tenía. Me viste como esperando que dijera algo, esperando saber si yo era del grupo también, y sí, se que fui grosero pero no supe que mas decir, ¿estás casada?, y sólo dijiste, sí, estoy casada, y de allí en adelante tu espalda me dio la bienvenida.

mayo 09, 2010

Dominio bipolar


Tantas noches me encontré vagando en deseos imposibles de cumplir, cerrando los ojos e imaginando, simplemente eso, imaginando. Y no entendí que sentía, no comprendí si era alegría por pensarlo cierto o desdicha por saberlo falso, e inmediatamente como si se tratase de un suiche pensaba en que no debía, que era inútil y masoquista, que por mas que lo anhelara nada sería como lo que pensaba. Y continuaba leyendo, para echar a un lado todos esos tormentos que paseaban cada noche, como buscando saciar su apetito con esa respiración acelerada que provocaban en mi, sí, era una unión de respiración sin control, ruidosa, desafinada, donde el corazón inquieto le hacía el coro, eran un conjunto fatal, que me elevaban en un torbellino de ideas incumplibles. ¿Y qué podía hacer yo?, mucho tiempo mantuve al corazón opacado, olvidado, rechazado, y ahora no depende de mí, se independizó y hace conmigo lo que quiere, me bandea entre lo justo para el y lo real para mí, ojalá el pudiera entender que no se me hace fácil cumplir cada cosa que me pide.

La lucha más grande que vivo es contra mi misma, soy yo contra yo, porque al fin y al cabo, este cuerpo y este corazón son míos, y por mas que intente entender a alguno termino por no entender a ninguno de los dos.


Cada noche pasa lo mismo, y quiero desligarme, quiero poder tener el control sobre todo aquello que nadie ha podido controlar. Pero estoy delirando, sueño despierta y al darme cuenta estoy haciendo justo lo que no quería, ¿dónde estoy?, o mejor dicho ¿dónde estuve?, ¿a dónde me llevaron esas noches?.


Pero hoy estoy recorriendo cada pensamiento, no estoy dejando que se apodere de mi, yo soy su dueña y ésta vez no podrá dominarme su verdad, yo con la mía los juzgaré y daré mi veredicto. No los deseo más. Adiós para siempre. O hasta mañana.
..

"Ella cree que todo lo que dice es suyo, y que ya no estaré allí, pero hasta sin darse cuenta de lo que habla es de mi; es ella la razón y yo su corazón"