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abril 23, 2010

Dando-me señales

Hoy se cumplen 36 años de mi desaparición, llevo tanto tiempo intentando saber en que lugar he vivido, dando señales de que aún sigo vivo, ¿cómo es que no lo comprenden?, tengo tantas cosas que decir, y no me quieren encontrar.

Más de una vez me paseo por mi casa, arreglo algunas cosas, pero siempre que vuelvo están desordenadas otra vez, o peor, ya ni están, ¡pero si yo aún sigo vivo!, sólo que no encuentro la manera de que lo noten.

Yo, sinceramente sólo tengo dos recuerdos que diariamente zumban en mi cabeza, el primero es mi avión dando vueltas de un lado a otro, mi piloto partiendo el vidrio lateral con su cabeza, llenándose de sangre toda la ropa, para luego salir volando hacia fuera del avión sin dejar rastro de que estuvo allí conmigo, y el segundo es la sensación de cómo mi cuerpo se desvanecía en la tierra, junto con mi ropa que cada día me cubría menos, como si se evaporara con el tiempo, ¡ja! mi mente siempre sabe jugarme sucio, de hecho por momentos recuerdo como cada órgano de mi cuerpo dejaba de funcionar, sentía como mi respiración pasaba de agitada a serena, y luego creo que ni respiraba.

Y así poco a poco llegué a no sentir nada, y es claro, ya todo había pasado, había sobrevivido, pero, ¿cómo es que aún me siento solo?

Algunas veces siento que están dándome señales, pero no lo se, a mí definitivamente no me quieren encontrar, mientras tanto yo continuaré visitando mis lugares de siempre, dando señales de vida, aunque a veces asuste.

abril 19, 2010

Así es como lo recuerda

Hace un par de años, Rita la bailarina estrella de la Academia Pentagrama, recibió el aplauso más cálido de toda su carrera artística, o así es como lo recuerda.

No fue en una presentación multitudinaria, de esas que abarrotan el lugar sin dejar cabida para un respiro más, no, en realidad fue luego del último ensayo general -al día siguiente era el acto final- cuando sólo ella quedaba en el teatro; al irse sus compañeras sintió y decidió practicar una última vez a solas.

Uno, dos, tres y al cuarto paso, uno de los reflectores dio directamente en su rostro, la luz la cegó por unos instantes, y con su mano quizo cubrirla para poder visualizar quién había sido, pero al hacerlo el reflector se apagó, quizás nunca estuvo prendido, pero así es como lo recuerda.

Con la música paseándose por su mente, con el cuerpo inquieto, el corazón palpitante y los sentimientos erizándole la piel de la emoción, comenzó a bailar de nuevo de un lado a otro, sintiéndose la dueña de cada movimiento exacto, preciso, perfecto, puro. Su vestuario lo sentía parte su cuerpo, tanto así que se sentía desnuda entre el negro de sus pensamientos inconclusos, el rojo de su incesante pasión y el blanco de su mirada sincera.

Esa pasión con la que se entregó a su presentación solitaria, la hizo escuchar, o más que escuchar, sentir, las ondas sonoras del aplauso orgulloso de su madre. Rita, paralizada y con el rostro inundado en lágrimas de emoción, terminó de rodillas frente a un sin número de asientos vacíos, en el teatro no había nadie.

Al día siguiente, en el evento, su madre no pudo estar -como en todas sus presentaciones-, ella jamás pudo verla bailar. Dedicó ese acto a su memoria y frente al numeroso público de esa noche entendió que el día anterior en el teatro solitario, había sido ella la del aplauso infinito, demostrándole su presencia omnipresente en cada uno de sus momentos, en cada uno los pasos de su vida, en todos. Así es como lo recuerda hoy, el día de conmemoración de la muerte de su madre.

abril 15, 2010

¡Nosotros... los porfiados!


A propósito de una clase de Estadística- que parecía mas bien de Psicología- comencé a pensar en una de las cosas que nos comentó el profesor, un Cambio de Paradigma comparado con un porfiado.

Comencemos con la palabra Cambio.
Según Definición ABC: "se denomina cambio al proceso mediante el que un determinado estado de las cosas se sucede a otro estado". Por otra parte nos hablan de que el cambio está sujeto a leyes, sí, a leyes, para ser exacta a ocho, las cuales se dividen en: racionalidad, apropiabilidad, transmisibilidad, diversidad, utilidad, libertad, seguridad y voluntad. La primera, la racionalidad tiene que ver con que la persona sujeta al cambio debe estar dotado de todas su facultades mentales; la apropiabilidad se trata de que para cambiar una cosa por otra ambas sean legales y con dueños respectivos; la transmisibilidad infunde que no se pueden cambiar cosas que son propias del individuo; la diversidad propone que no pueden hacerse cambios donde las cosas sean iguales; la utilidad se trata de que la idea del cambio es que sea útil, porque si no no tendría lógica; libertad nos dice que todo individuo está en su derecho de elegir, escoger, porque si fuese al contrario pues los cambios estarían prohibidos, cada sujeto es libre de elegir lo que le mejor le parece; la seguridad es donde el individuo quiere sentirse tranquilo sobre la decisión tomada, para no ser víctima de un engaño; y por última pero no menos importante, la voluntad se trata de que el sujeto esté dispuesto a asumir el proceso.

Ahora la palabra Paradigma
Se deriva de la palabra griega "parádeigma", que significa modelo o ejemplo. Según Wikipedia tenemos un concepto que nos interesa, asociado al campo de la Psicología, donde lo refieren a "acepciones de ideas, pensamientos, creencias incorporadas generalmente durante nuestra primera etapa de vida, que se aceptan como verdadera o falsas sin ponerla a prueba de un nuevo análisis".

Históricamente tenemos un ejemplo científico que me gustaría citar. A finales del siglo XIX, cuando la física estaba dada por concluida -se decía que ya no había mas nada por descubrir, sólo cálculos mínimos-, Albert Einstein publicó su trabajo sobre la relatividad espacial, donde superó las mecánicas de Newton, que había sido utilizada por más de doscientos años. Al ocurrir esto se produce un cambio paradigmático, puesto que el estudio descubrió nuevas tendencias sobre la fuerza y el movimiento.

Ahora bien, teniendo en cuenta ambos conceptos y el ejemplo de Einstein, puedo decirles que un Cambio Paradigmático concede tres elementos: costo, tiempo y dolor, éste último no es necesariamente obligatorio.

Costo: tiene que ver con que cada individuo tiene una idea específica, invariable dentro de su cerebro, que lo ha llevado a seguir ese patrón por costumbre, porque así lo aprendió. Entonces el costo vendría siendo todo aquello que empleamos para poder llegar al nuevo cambio, todo eso que sacrificamos para obtener el beneficio.
Tiempo: es el proceso que vivimos mientras nos adaptamos al nuevo sistema, al nuevo concepto, al nuevo momento.
Dolor: aquí es variable, depende, porque en uno de los casos podría el individuo sentirse a gusto con el resultado, más puede que suceda el caso contrario, puede que el individuo extrañe el proceso anterior, debido a cualquier razón, desilusión, engaño, decepción, inconformidad, y pues aquí me detendría un poco, ya que el ser humano es inconforme por naturaleza, y éste elemento podría ser común, el ser humano cuando no tiene lo que quiere lo desea ferbientemente, y luego que lo tiene ya no lo usa, y busca otro diferente que se asemeje al primer caso. Inconformes naturalmente.

El profesor nos dijo que cuando un sujeto está atado a un paradigma es igual a un porfiado, nos dibujó un porfiado en la pizarra, un elemento con forma de pera, y nos comentó que para poder cambiar a ese sujeto, no debemos ni podemos "empujarlo" sobre su parte superior, porque por inercia volverá al mismo sitio, porque no está admitiendo cambios, más si lo empujamos desde el centro, el sujeto cederá a la nueva posición sin rechazo alguno. Los humanos somos porfiados, nos arraigamos a cosas materiales, sentimentales como si la vida no estuviese sujeta a cambios, y cuando uno de ellos llega a nosotros no queremos admitirlo, por costumbre, por inercia, pero al pasar el tiempo terminamos siendo empujados desde el centro, por nosotros mismos o por otros. Nuestro costo siempre es con sacrificios, el tiempo es indeterminado, cada uno tiene su tiempo específico y el dolor es relativo, algunos admiten con tranquilidad lo nuevo, pero otros luego se arrepienten.


Sí, es verdad, nosotros... los porfiados.



abril 10, 2010

Claroscuro


Ella, una mujer sencilla. Siempre desnuda, oía desde su ventana la masa incontrolable de personas que pasaban de un lado a otro cada vez que el semáforo de la avenida cedía, pensando en sí una de ellas algún día notaría su presencia en aquella habitación solitaria, llena solamente de periódicos viejos, una cama enmohecida, bombillos rotos y gritos silenciosos.

El, un apuesto doctor. Siempre cubierto con un abrigo de piel, la miraba fijamente desde el otro lado de la calle, pensando en sí alguna vez ella, sus ojos perdidos, su pequeña boca rojo carmesí, sus largos dedos de pianista y su cabello lacio sentirían su presencia ineludible cada tarde a la hora del té.

Cierto día, ella no estuvo en la ventana, él tampoco fue a verla, pues el día anterior por alguna razón del destino, sus miradas se habían cruzado después de tanto tiempo; ella lo observó detenidamente, una brisa inexplicable le erizó la piel y le recordó aquel tiempo en que la vida no era tan oscura, tan monótona, se sintió feliz, sonrió, era él, sus ojos habían dado con él, cuando imaginó que no volvería a sentirlo cerca. Él, sintió la extraña brisa también, apretó un poco el abrigo al cuerpo y no supo que hacer, se quedó inmóvil ante aquella mirada que le arrebató tantas veces el aliento, sólo se le ocurrió saludarla, olvidando que ella no le respondería; ella sólo dio media vuelta y cerró el ventanal.

El decidió esperar un par de horas por si ella aparecía de nuevo y así poder gritarle cuanto la extrañaba, pero luego comprendió que debía continuar y recordó aquellas palabras que esa loca mujer le había dicho la última vez que la atendió : "no hará falta jamás mirarnos constantemente, tu sabes que para mí nunca fue necesario, pero el día que lo haga de nuevo podrás entender que un amor como éste nació de una cálida mirada ciega, y terminará con una tímida sonrisa".

Y aquella historia que tuvo principio en ese abandonado edificio del hospital para ciegos, concluyó con la ausencia de los cuerpos, en la angosta avenida, de ese par de enamorados.