...

mayo 15, 2010

Buenos Días


Mientras esperaba a los demás compañeros de la aventura fotográfica, escribía sobre lo que deseaba del viaje. Escuché un susurro que sin razón alguna erizó mi piel, buenos días, volteé temiendo saber de qué se trataba aquello, más de una vez he escuchado que cuando los muertos están cerca dan escalofríos, pero el trayecto lento de mis ojos, desde la hoja hasta tu mirada fue la primera foto panorámica de éste álbum.


Me quedé helado pensando si estabas allí, o si era parte del sueño que aún tenía. Me viste como esperando que dijera algo, esperando saber si yo era del grupo también; y sí, se que fui grosero pero no supe que más decir, además lo mal interpretaste, ¿estás casada?, debí antecederlo con un, buenos días, pero no dije, ni oí nada más.


Luego de eso supe qué deseaba del viaje, viéndote entendí que quería ser dueño de al menos un instante de ti, para llenar en mí ese deseo incontrolable que desataste con sólo dos palabras: Buenos días.


Dejé el escrito a un lado y enfoqué mis pupilas hacia tu plano, tu manera de hablar, de sonreír y esa mirada esquiva que constantemente chocaba con la mía, me decía que bastó el contraste de tu dulzura con mi arrogante miedo para comenzar una historia, que terminará siendo historia para ambos, por alguna razón que ahora no puedo recordar.


Para la segunda parada del viaje estábamos en “La cabaña del paraíso” -mejor lugar no pudo elegir Roberto Mata-, salí temprano de mi habitación para ver ese panorama mágico del nacimiento del sol, y allí estabas, tomando una humeante taza de café, con esa fuerte brisa falconiana que te hacía apretar todos tus músculos y que jugaba coquetamente con tu cabello. Sin hacer ruido fui acercándome a ti, quería sorprenderte, hablarte de lo eternamente espiritual que se me hacía ver cada mañana esos primeros momentos del día, pero como por instinto volteaste y me viste allí, de nuevo paralizado, y soltaste esa sonrisa de complicidad que se convirtió en mi segunda foto visual de ti, buenos días,-¡qué buen dúo ese de tu sonrisa y tu voz!-.


Esa noche te invité a cenar fuera de la posada aparte del grupo, y apareciste con tu cabello suelto, un jean rasgado en la mitad del muslo, una camisa blanca que dejaba ver tu espalda a todo aquel curioso que voltease y en una de tus manos mi cámara-me recordaste que la había olvidado-. Mientras te acercabas fotografié puntos clave de ti, tus pies, tus caderas, tus senos y tu boca, un recorrido que me produjo esa expresión que tanto te hizo reír, estás perfecta. Después de esa velada se me inundó la mente de proposiciones, quería develar el secreto de tanta naturaleza viva.


Y fue así, fui descubriendo fotografía a fotografía cada espacio de tu piel, de mochilero, arriesgado, a pie, con mis labios me detuve en la zona más al norte de tu cuerpo, ese Cabo San Román que me invitaba a recorrerte de punta a punta, fui despacio por tu cabello largo y lacio, para disfrutar el recorrido. Bajando por entre los montes de tu rostro me topé con una neblina nicótica que expulsaba tu boca, me sentí varado, sedado en medio de San Eusebio, y aunque podía ver tus labios invitándome a descubrirlos, seguí adelante. Me pasee de este a oeste tus hombros, y luego me encontré en el valle de Los Nevados, divisando el par de montañas más altas de tu cuerpo, excelente paisaje que se ve desde la cima. Después de tantas curvas, y elevaciones se despejó mi paisaje, estaba en tu abdomen, en tu sabana de Capanaparo, un llano inmenso que pensé imposible de recorrer íntegro, pero los dedos fueron mis aliados, acariciando tu tierra, más de una vez sentí el escalofrío de tus poros, la aventura se tornaba interesante, pero habían flechas que me empujaban a la zona sur de tu país. Me detuve en tu centro, tu ombligo, tu Ciudad Bolívar, para analizar lo que me faltaba por recorrer, pero también lo que había recorrido, soltaste de nuevo esa sonrisa de complicidad y me hablaste de tu historia, de donde venías y a donde querías llegar, de todas esas batallas que enfrentaste, y de cómo ésta zona llegó a ser tu capital durante nueve meses. El tiempo era mi enemigo y seguí adelante, te invité a los Rápidos de Kamoirán, y aceptaste sin duda alguna, nos debatimos uno junto al otro contra todo ese torrente de agua que nos rodeaba, al principio costó un poco amoldarnos y no dejarnos llevar por la corriente, pero luego estábamos en sintonía con nuestros cuerpos y deseos, pudimos dominar esa naturaleza inquieta, y hacer de aquel momento lo mejor del viaje. Todo terminó en tus pies, -yo estaba allí desde el principio-, ese Ávila que me convidaba a recorrerte ahora en sentido contrario, pero algo pasó y ya no te sentía cerca.


Me quedé helado pensando si estabas allí, o si era parte del sueño que aún tenía. Me viste como esperando que dijera algo, esperando saber si yo era del grupo también, y sí, se que fui grosero pero no supe que mas decir, ¿estás casada?, y sólo dijiste, sí, estoy casada, y de allí en adelante tu espalda me dio la bienvenida.

mayo 09, 2010

Dominio bipolar


Tantas noches me encontré vagando en deseos imposibles de cumplir, cerrando los ojos e imaginando, simplemente eso, imaginando. Y no entendí que sentía, no comprendí si era alegría por pensarlo cierto o desdicha por saberlo falso, e inmediatamente como si se tratase de un suiche pensaba en que no debía, que era inútil y masoquista, que por mas que lo anhelara nada sería como lo que pensaba. Y continuaba leyendo, para echar a un lado todos esos tormentos que paseaban cada noche, como buscando saciar su apetito con esa respiración acelerada que provocaban en mi, sí, era una unión de respiración sin control, ruidosa, desafinada, donde el corazón inquieto le hacía el coro, eran un conjunto fatal, que me elevaban en un torbellino de ideas incumplibles. ¿Y qué podía hacer yo?, mucho tiempo mantuve al corazón opacado, olvidado, rechazado, y ahora no depende de mí, se independizó y hace conmigo lo que quiere, me bandea entre lo justo para el y lo real para mí, ojalá el pudiera entender que no se me hace fácil cumplir cada cosa que me pide.

La lucha más grande que vivo es contra mi misma, soy yo contra yo, porque al fin y al cabo, este cuerpo y este corazón son míos, y por mas que intente entender a alguno termino por no entender a ninguno de los dos.


Cada noche pasa lo mismo, y quiero desligarme, quiero poder tener el control sobre todo aquello que nadie ha podido controlar. Pero estoy delirando, sueño despierta y al darme cuenta estoy haciendo justo lo que no quería, ¿dónde estoy?, o mejor dicho ¿dónde estuve?, ¿a dónde me llevaron esas noches?.


Pero hoy estoy recorriendo cada pensamiento, no estoy dejando que se apodere de mi, yo soy su dueña y ésta vez no podrá dominarme su verdad, yo con la mía los juzgaré y daré mi veredicto. No los deseo más. Adiós para siempre. O hasta mañana.
..

"Ella cree que todo lo que dice es suyo, y que ya no estaré allí, pero hasta sin darse cuenta de lo que habla es de mi; es ella la razón y yo su corazón"

mayo 01, 2010

Éste escrito

Dejando la televisión de un lado, con una película a mitad de carrera, comenzó su dilema diario, se dirigió a su cuarto con pasos lentos como queriendo encontrar algo que decir antes de llegar a el, pero nada se le ocurrió. Su cuarto era más que cuatro paredes blancas, era más que una cama impregnada de recuerdos, era más que su mejor amigo, era su santuario, donde día a día veneraba el milagro de sus gritos silenciosos. Allí más de una vez plasmó sus pensamientos en las paredes, pero esta vez se le hacía tan difícil decir algo, aunque sea unas pocas líneas, su cerebro estaba bloqueado.

Se recostó sobre su cama, y en su posición horizontal observó todo aquello que convertía aquel espacio en suyo, su ropa, sus zapatos, sus libros, su corcho. Oyó detenidamente cada sonido exterior de esa ciudad de locos, que nada tenía que ver con lo que vivía allí en su mundo, como queriendo encontrar en eso, algo que le inspirara, imaginó cada pensamiento como una escena real, buscaba personajes, ambientes, temas, tenía millones pero ninguno invitaba a iniciar un escrito.

Sólo había un elemento dentro de su santuario que le inspiraba ese día, pero que no quería resaltar. En una de las paredes, estaba su corcho, bombardeado de recuerdos, en todo el centro de él había un pequeño papel de un caramelo Halls, donde le habían escrito una dedicatoria que rezaba: "un pensamiento para ti: eres mi eje de vida", tomándolo como quién toca algo sagrado, lo leyó, lo recordó, pensó en que tan reales eran esas palabras, un nudo en la garganta le hizo vacilar y querer salir corriendo a un lugar seguro, en el mismo instante sonrió, y colocó de nuevo el papel en el corcho, como dejándolo en el olvido. Pensó "si el recuerdo te entristece, piensa en el olvido para fortalecerte".

Y ese pensamiento le hizo despertar -viendo los créditos de aquella película que dejó a mitad de carrera- para hacer éste escrito.