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mayo 01, 2010

Éste escrito

Dejando la televisión de un lado, con una película a mitad de carrera, comenzó su dilema diario, se dirigió a su cuarto con pasos lentos como queriendo encontrar algo que decir antes de llegar a el, pero nada se le ocurrió. Su cuarto era más que cuatro paredes blancas, era más que una cama impregnada de recuerdos, era más que su mejor amigo, era su santuario, donde día a día veneraba el milagro de sus gritos silenciosos. Allí más de una vez plasmó sus pensamientos en las paredes, pero esta vez se le hacía tan difícil decir algo, aunque sea unas pocas líneas, su cerebro estaba bloqueado.

Se recostó sobre su cama, y en su posición horizontal observó todo aquello que convertía aquel espacio en suyo, su ropa, sus zapatos, sus libros, su corcho. Oyó detenidamente cada sonido exterior de esa ciudad de locos, que nada tenía que ver con lo que vivía allí en su mundo, como queriendo encontrar en eso, algo que le inspirara, imaginó cada pensamiento como una escena real, buscaba personajes, ambientes, temas, tenía millones pero ninguno invitaba a iniciar un escrito.

Sólo había un elemento dentro de su santuario que le inspiraba ese día, pero que no quería resaltar. En una de las paredes, estaba su corcho, bombardeado de recuerdos, en todo el centro de él había un pequeño papel de un caramelo Halls, donde le habían escrito una dedicatoria que rezaba: "un pensamiento para ti: eres mi eje de vida", tomándolo como quién toca algo sagrado, lo leyó, lo recordó, pensó en que tan reales eran esas palabras, un nudo en la garganta le hizo vacilar y querer salir corriendo a un lugar seguro, en el mismo instante sonrió, y colocó de nuevo el papel en el corcho, como dejándolo en el olvido. Pensó "si el recuerdo te entristece, piensa en el olvido para fortalecerte".

Y ese pensamiento le hizo despertar -viendo los créditos de aquella película que dejó a mitad de carrera- para hacer éste escrito.

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