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marzo 27, 2010

Idea enfermiza


Mirando sin ver nada encontró una distracción incontrolable. Fijó el tiempo, el espacio y el momento. No hubo oportundiad de vacilar, entregó sus pasos a un camino con un horizonte lejano. ¿Realidad o fantasía?, no se preocupó por la verdad, así como otros se dejó llevar.

Uno, dos, tres...
ya no estaba cuerdo, la locura se hizo cargo de su realidad, no encontró razones para enfrentar a todo aquello. Aire para oxigenarse, líquido para refresacarse, vías para no perderse, ritmo para vivir.

Varias oportunidades le hicieron perder el sentido, un momento de quietud, un momento de descontrol. ¡Frena!. ¡Acelera!. Frenando por paz, acelerando por felicidad. Cuerpos lejanos, tranquilidad innata; contacto de pieles, ritmo frenético. ¡Un salto!, sus ojos vieron su mayor deseo, estaba preso dentro de un cuerpo que se negaba a darle rienda suelta, pero sin importarle continuó toda su vida insistiendo, estaba seguro que aunque el cuerpo era su dueño, el era el dueño de su sentir.

Un día decidió gritar y su cuerpo lo oyó, una conversación larga, intensa, pero real. Lograron entenderse, su cuerpo no sabía si agradecerle o llorarle, pero ya no había remedio para tal enfermedad.

El cuerpo siempre lo supo... no fue su idea... fue idea de su corazón, enamorarse fue idea de su corazón.

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